Este es un artículo más largo de lo que acostumbro, también será un artículo que posiblemente no tenga coherencia, es más una forma de dejar ir ciertas cosas, de organizar mi mente y plasmar cosas que quiero escribir un poco para ordenar mis ideas y auto agradecerme a modo de sanación personal, no creo que sea de interés para muchos, sino más bien será para mí mismo.

2025 ha sido uno de los años más bellos de mi vida, también ha sido uno de los más difíciles, y lo primero hace incluso más difícil lo segundo porque le agrega algo de culpa.

En agosto de 2024 nació mi hijo, y con esto puedo afirmar al cien por ciento que ha sido lo mejor que me ha pasado, pero eso no le quita que haya sido difícil. Resultó que al amiguito se le ocurrió nacer unas semanas antes de lo planeado, y como no tenía los pulmones desarrollados al cien por ciento pues se tuvo que quedar en terapia intensiva por una semana, ahora, una semana suena a muy poco tiempo, pero yo siempre digo que se sintió como un año, todos los días yendo a las dos visitas diarias permitidas, fácilmente envejecí todo lo que no había envejecido en los últimos 10 años, gracias a Dios siempre fue mejorando y salió perfectamente.

A esto se juntó que en mi ciudad se desató una violencian tremenda, mi estado nunca ha sido realmente pacífico pero esta ha sido la peor de todas las que he vivido, quienes me conocen saben que siempre me ha afectado mucho emocionalmente la violencia que se vive en mi estado, recuerdo uno de los días que fuimos a visitar al bebé y al salir la doctora nos dijo que nos fueramos con cuidado porque había tiroteos por varias partes de la ciudad, y la noche que nos lo entregaron para llevárnoslo a nuestra casa recuerdo ir preocupado de no encontrarnos envueltos en un tiroteo, eso nubló mucho la experiencia de la felicidad que sentía por poder llevarnos a nuestro hijo por fin.

Y hay que agregar algo más, mi mamá padece de una parálisis facial desde hace años, y en el mismo mes (septiembre), anunció que el doctor le había ofrecido una cirugía de cerebro con los riesgos que una cirugía en la cabeza conlleva, si, los más altos. Primero la operarían en octubre, pero luego se la movieron a febrero.

Entonces había 4 tipos de estrés:

  1. El estrés por la hospitalización de mi hijo, (que por cierto no se fue inmediatamente después de que salió, uno siempre queda “espinado”), de ser papá nuevo, de preocuparme si estaba enfermo, checarlo contínuamente en la cuna, de mal dormir y tener sueño siempre, recuerdo que fue la época que más cansado me he sentido, hay algunas canciones infantiles que hasta el día de hoy me hacen sentir mal.
  2. El estrés de la inmensa violencia, las malas noticias por todos lados, que si mataron a alguien, que un cartel de un desaparecido, que si una familia se vio envuelta, que estaban quemando casas y nadie sabía si era aleatorio o dirigido (recuerdo haber estado despierto a las 3 am vigilando si no pasaba nadie extraño), abrir Whatsapp o cualquier red y no ver más que tragedias.
  3. El estrés de la cirugía inminente de mi mamá.
  4. El estrés por la culpa de sentir todos los estrés anteriores y no disfrutar al máximo de ser papá nuevo.

Y agreguémosle otras cosas:

  • Al tener un bebé recién nacido, se vuelve muy, muy difícil salir con amigos, si a esto le agregas la violencia (en mi ciudad no era posible y aún hoy es muy riesgoso salir de noche), nunca he sido muy “salidor”, pero en ese momento mis pocas salidas se convirtieron en nulas.
  • De verdad estaba cansadísimo, es lo que más recuerdo, noches enteras seguidas sin dormir ya fuera porque el bebé lloraba o porque escuchábamos algún ruido.
  • La plática del día a día con mi esposa era “Sucedió esto hoy en la ciudad, ¿deberíamos mudarnos?, pero cómo si toda la familia está aquí y acabamos de comprar casa, además está tu trabajo, pero cómo vamos a dejar que nuestro hijo crezca aquí” y así nos quedábamos discutiendo en círculos diariamente.

La acumulación de todas estas emociones se resume en un evento que me sucedió:

Tuve un ataque de pánico.

Nunca me he considerado alguien miedoso, pero desde que nació mi hijo se me desbloquearon muchos miedos que antes no tenía, como el miedo a la muerte, en el que antes ni siquiera pensaba. Pero toda la acumulación de estrés detonó en otros miedos que podrían parecer más irracionales, para algunos incluso tontos, de entre los muchos un ejemplo fue el miedo a salir en el auto, creo que es entendible puesto que los tiroteos y los robos de auto estaban a la orden del día (todavía lo siguen estando), recuerdo que seguía a un reportero en Twitter que publicaba las estadísticas: “Esta semana van X auto robados”, me subía al auto e inmediatamente sentía mi corazón palpitar fuertemente, miraba en todas direcciones, espejeaba contínuamente. También surgió el miedo a los policías, soldados o cualquier autoridad, “están coludidos, son los mismos”, pensaba, así que cada vez que miraba a uno y más en el auto también se me aceleraba el corazón, recuerdo una vez que me asomé por la ventana de mi casa y vi muchos soldados, estaba solo con mi hijo y pensé “se van a equivocar de casa y van a entrar con sus armas”.

Bueno, esto se fue acumulando y fue creciendo en intensidad, al punto de que un día de mediados de enero de 2025, mientras llevaba mi auto al servicio, en un semáforo mi corazón empezó a acelerarse, mis manos a sudar y me empezaron a invadir pensamientos muy fuertes sobre que me iba a pasar algo, me iban a quitar el carro, un policía me iba a extorsionar, quedaría envuelto en un tiroteo, en fin, muchas cosas diferentes pero todas malas, la vista se me volvió de túnel y empecé a hiperventilar, pensé en orillarme y llamarle a mi esposa o a mi mamá para que fueran por mi, pero también recuerdo que pensé que no, que por mi hijo debía ser valiente porque él me necesitaba, así que como pude llegué a la agencia de autos, por cierto unas cuadras antes de llegar vi en el espejo a una patrulla que hizo que casi me detuviera de nuevo.

Un paréntesis gacioso: llegué a la agencia y resultó que todavía no le tocaba el servicio sino hasta el próximo mes así que fui en vano.

Volví a mi casa y creo que fue uno de los momentos más tristes y oscuros de mi vida, estuve pensando que como me pudo haber pasado eso, que si era un cobarde, que si me iba a volver a suceder.

Llegó mi cumpleaños y mi esposa me regaló un curso de cocina asiática (me gusta mucho cocinar), recuerdo que lo primero que pensé fue “Chin, es a las 5pm entonces saldré a las 7pm ya obscuro me tengo que regresar en el auto”, disfruté mucho el curso pero para ser honesto gran parte del tiempo me la pasaba pensando que ya iba a llegar la hora de regresar. Uno de los días me tocó un retén ya de regreso, había una calle antes en la que podía sacar la vuelta y pensé en hacerlo pero pensé “No, o paso o paso con todo y miedo”, al final no pararon mi auto pero si iba con el corazón desbocado.

Quienes hayan pasado por una experiencia similar sabrán que después de lo ocurrido queda un miedo latente de que vuelva a suceder, así que en eventos posteriores siempre surgía ese miedo. Es más, ahora era más el miedo al miedo que el miedo real, espero darme a entender.

Llevo casi 10 años trabajando desde casa, siempre me ha encantado mi trabajo y trabajar desde casa me ha dado muchas más ventajas que desventajas, no regresaría a una oficina si no es necesario, pero en esta ocasión este factor me jugó en contra porque como no necesito salir mucho pues tenía el pretexto para no hacerlo y eso creo que aumentaba aún más el problema.

Pero bueno, pasemos a la parte positiva. Nunca he sido alguien de quedarse con los brazos cruzados así que sin dejar de pasar tiempo me puse a pensar “A ver, ¿qué puedo hacer?” y la solución más clara fue tomar terapia psicológica. No fue fácil, lo primero que pensé es “¿soy débil por hacer esto?”, “¿y si alguien sabe qué pensará?” y por supuesto el más común de todos “¿estaré loco?”

Inicié a los pocos días y de inmediato conecté con la psicóloga porque validó lo que sentía: En lugar de decirme “No pasa nada, mira respira hondo”, me dijo “Es que por tu situación es entendible que estés pasando por eso”. Algo que no sabía pero que quería oír y lo dijo intrínsecamente fue “No estás mal, es normal que te suceda esto dadas tus circunstancias, cualquiera en tus zapatos se sentiría igual, no eres débil”, no sé, tal vez mi ego masculino me hace pensar que la debilidad es algo malo.

La verdad es que de inmediato comencé a ver mejoras, descubrí que tenía que reaprender muchas cosas, puesto que como dije antes cosas que antes no me daban miedo ahora si me daban, una de ellas que me da pena decirlo pero ya hoy la siento superada es pasar por la banda de un aeropuerto, sentía que me iban a plantar algo o no sé, era algo irracional.

He aplicado algunas cosas que me han ayudado mucho, algunas de ellas recomendadas por mi psicóloga.

En primer lugar he intentado enfocarme en el presente. Creo que esta ha sido una de las más importantes, estar y ser en el momento, en lugar de estar pensando en situaciones futuras o hipotéticas.

Simplemente platicar sobre el problema me ayudó mucho, saber que no soy el único, hay todo un estado sintiendo algo similar, unos más fuertes que otros pero todos tenemos algo de miedo por la situación, me recuerda a la frase “mal de muchos, consuelo de tontos”, pero pues en esta ocasión así es. Por cierto recuerdo mucho algo que dijo la psicóloga y me hizo sentir bien “es que con esta situación lo normal es estar un poquito nervioso, no al extremo, pero sin un poco alerta para poder reaccionar”, esto me hizo que me tranquilizara por ponerme nervioso al salir, lo cual todavía sucede en ocasiones.

Me he alejado de las noticias, especialmente de las cuales no tengo control, muchas otras cosas han pasado y por supuesto estoy pendiente cuando sucede algo en mi colonia, pero si puedo trato de no ver malas noticias todo el tiempo como hacía antes. Alguien una vez dijo que si no ves noticias pues no te responsabilizas, pero en el 99.9% no hay nada que uno pueda hacer al respecto.

Para lo anterior eliminé Twitter, que era mi fuente de noticias, resultó que no lo he necesitado para nada así que ya tengo varios meses sin la cuenta, muy próximamente también estoy pensando en borrar Instagram. Dejar el celular a un lado es todavía un hábito que no he logrado, pero sigo intentando.

Meditación y ejercicio: Son las más comúnes las más cliché, pero aún así no las seguía, aunque como defensa debo decir que siempre he hecho ambas pero estaba en un momento que me era imposible, pero ahora los practico mucho más de nuevo y me he sentido genial.

También tengo un amigo con el que hablo mucho de esos temas y ha sido de gran ayuda, aunque me hubiera gustado platicarlos más en persona (también tiene una hija pequeña así que o uno o el otro a veces no puede salir).

Todavía sale el tema sobre si nos vamos o nos quedamos, pero ya no tanto como antes, esto me duele un poco porque lo siento como un modo de resignación al problema, pero hemos visto muchas opciones y ninguna nos ha convencido al punto de irnos, teniendo en cuenta que hay que cambiar muchas cosas, el trabajo, dejar a la familia, que nuestro hijo no vea a sus abuelos, y actualmente el país no pasa por su mejor momento en cuanto a seguridad se refiere así que nada nos garantiza que al irnos llegaremos a un lugar mucho más seguro.

He salido más, aún con miedo, he visto más a mis amigos, he disfrutado más solo estando.

Ahora me siento mucho más tranquilo, hay cosas que recuerdo y pienso “Apoco tenía miedo de eso”, por ejemplo al ver a una autoridad, todavía estoy aprendiendo y mejorando, todavía a veces salgo y me truena el corazón, todavía estoy en un lugar y empiezo a pensar en la hora en que me tengo que regresar, es como las primeras veces que te caes de la bicicleta, el dolor pasa pero el miedo de volverte a caer sigue ahí, somo una espina que no ha salido completamente, pero ya es mucho menos y con menor intensidad, además de que ya tengo herramientas para salir de ahí, siento como si estuviera aprendiendo desde cero muchas cosas, por ejemplo la primera vez que pasé por la banda del aeropuerto después del ataque de pánico y ver que no pasó nada. Ahora son cosas que me parecen irracionales, tontas incluso, pero en ese entonces no lo parecían.

Podría platicar mucho más, como un día que mi esposa dijo a modo de broma en una plática que ni siquiera estaba relacionada “la vida es un riesgo carnal” y la frase, por graciosa que sea, conectó conmigo de inmediato, “de verdad, simplemente estar vivo es ya un riesgo, y no puedo pasarme todo el viaje con miedo”.

Pero bueno, aprovecho este post para agradecer a las personas que han estado conmigo en estos tiempos tan llenos de matices, compartiendo la felicidad y entendiendo mi situación, y en especial quiero auto agradecerme por haber sido resiliente, no dejarme caer ni por un solo momento, ser prágmático y buscar soluciones en lugar de sentarme a llorar, y salir adelante como una mejor persona.

Y sonará a cliché porque lo es, pero es cierto lo que dicen, cuando pasa algo como esto, al final uno se siente más fuerte.